Nota:
El
ensayo que sigue a continuación aborda la cuestión de las contradicciones
antagónicas en el seno del pueblo y, como era obligatorio, lo hace en su
relación con la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo,
identidad que se define por la contradicción principal que marca cada situación
concreta. Este ensayo es una contribución para el correcto entendimiento del
trabajo de masas del partido proletario, y tiene especial importancia en la
presente situación en que los marxista-leninistas luchan por reconstituir el
partido de Mariátegui. El trabajo de masas del partido es parte de su permanente
construcción y, presentemente, parte fundamental de la Reconstitución. Llevar
la Reconstitución hasta su culminación solo es posible en medio de la lucha de
clases de las masas. Esta es una verdad elemental. Pero hay trabajo de masas y
trabajo de masas. El oportunismo también hace trabajo de masas, pero fuera de
la órbita del marxismo-leninismo, mientras el proletariado consciente
desarrolla un trabajo de masas fundado en los principios de su ideología y en
una táctica revolucionaria. El lector encontrará en el ensayo el fundamento
filosófico del trabajo de masas del proletariado consciente. Entre otras cosas,
este fundamento sirve para entender que quienes se llenan la boca hablando del
oportunista trabajo de masas que realizan, están lejos del marxismo y, muy
especialmente, de la dialéctica marxista.
01.02.2026.
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
Acerca de las
Contradicciones Antagónicas en el Seno del Pueblo
Eduardo Ibarra
PARA
TENER una visión completa de las contradicciones existentes en el seno del
pueblo, no solo es necesario tener en cuenta las contradicciones no
antagónicas, sino también las contradicciones antagónicas. Aunque el trazado de
una táctica correcta implica la consideración de una serie de factores, ella es
posible solo si se parte de una correcta comprensión de las contradicciones no
antagónicas y las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo.
En febrero de 1957, Mao señaló:
Hablando en términos
generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se
dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de clase. (Obras escogidas, t. V, p. 421).
Como
es de conocimiento común, la identidad fundamental de los intereses de clase del
pueblo cambia según sea la contradicción principal en determinadas condiciones.
En el Perú actual, la contradicción principal es entre la nación peruana, de
una parte, y la gran burguesía intermediaria y el imperialismo, de otra parte.
Ahora bien, la nación peruana está conformada por las
clases sociales, pero la burguesía intermediaria del imperialismo es una clase
antinacional, de manera que nuestra nación está compuesta por la clase obrera, el
campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional (o burguesía
media), que, en determinadas condiciones, se opone al imperialismo en la medida
en que este impide el desarrollo del capitalismo nacional.
Lenin subrayaba con razón que en toda nación moderna hay
dos naciones. Aquí hablamos, pues, de la nación del pueblo peruano. La contradicción
entre esta nación, de una parte, y la gran burguesía y el imperialismo, de
otra, es una contradicción antagónica, y tiene su resolución en la conquista
del poder político por el pueblo.
La identidad fundamental de los intereses de clase del
pueblo peruano se da, pues, sobre la base de la lucha por la conquista del
poder y de la unidad de las clases trabajadoras en un frente unido
revolucionario. La estrategia de conquistar el poder tiene su fundamento en la
membresía que le corresponde tener al frente unido y en una táctica justa en
cada situación concreta de la lucha de clases.
Como señalaron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, “las ideas dominantes en
cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante.” Así, el reformismo en el seno del pueblo es,
precisamente, un producto de la influencia de la ideología burguesa. Por eso, en
cualquiera de sus formas, dicho reformismo no va más allá del régimen
capitalista, pues apenas se propone algunos cambios compatibles con el
mantenimiento de sus fundamentos: precisamente por eso es reformismo. En
consecuencia, el reformismo no es parte de la identidad fundamental de los
intereses de las clases que conforman el pueblo peruano; por el contrario,
representa una posición antagónica con respecto a dicha identidad.
Lo mismo sucede en el caso de las desviaciones del
marxismo. Como se sabe, el marxismo es la ideología del proletariado, clase
dirigente del pueblo, la cual, en consecuencia, encarna, más que ninguna otra
clase, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. Las
desviaciones del marxismo no hacen parte de esta identidad fundamental de
intereses de clase, precisamente porque no representan al proletariado, sino a
la burguesía.
Lenin señala:
El revisionismo o
“revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la
principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción
burguesa de los proletarios. (“Quien mucho corre, pronto para”).
Hablando
específicamente sobre el liquidacionismo, el jefe bolchevique sostiene lo
siguiente:
… las desviaciones del marxismo las engendra
la “contrarrevolución burguesa”, las engendra “la influencia burguesa en el
proletariado”. (…) el liquidacionismo
es una desviación “peligrosa” del marxismo, una desviación contra la actual es
necesario luchar, que refleja “la influencia burguesa en el proletariado. (…)
Los intereses de la burguesía, cuyo estado de espíritu es contrario a la
democracia, y, en general, contrarrevolucionario, exigen la liquidación, la disolución del viejo
Partido del proletariado. (…) El liquidacionismo no es solamente la liquidación
(es decir, la disolución, la destrucción) del viejo Partido de la clase obrera;
es también la destrucción de la independencia
de clase del proletariado, la
corrupción de su conciencia por las
ideas burguesas. (“La decisión de
1910”).
… el liquidacionismo
desde la derecha, o liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, fue un
viraje hacia el liberalismo. (…) debe estar claro para todos lo absurdo y
ridículo de pensar en la posibilidad de “unir” o “conciliar este grupo [el
grupo liquidacionista] con el partido obrero marxista. (“Artículo final de la
recopilación: “Marxismo y liquidacionismo”).
Sobre
la base de estos juicios, el jefe bolchevique estableció la línea marxista en
el movimiento obrero:
La única línea
marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que
la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas
para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la
experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política
obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas. (“El imperialismo y la escisión del socialismo”).
¿Cuál
es la esencia de estos categóricos juicios de Lenin? La esencia de los mismos es
que, en el seno del pueblo, se dan no solo contradicciones no antagónicas sobre
la base de la identidad fundamental de sus intereses de clase, sino también
contradicciones antagónicas entre el revolucionarismo y el reformismo, entre el
marxismo y el oportunismo. Estas contradicciones antagónicas son formas específicas del antagonismo entre
el proletariado y la burguesía. También, por supuesto, en el seno del pueblo
existe la contradicción entre la burguesía nacional y el proletariado. Esta
contradicción tiene de suyo un carácter antagónico, pero, en las condiciones
concretas en que la burguesía nacional se opone al imperialismo, puede transformarse
en no antagónica si dicha burguesía y el proletariado toman como premisa de su
acción el bien mayor: la unidad en la lucha contra el imperialismo.
A propósito del antagonismo entre el marxismo y el
oportunismo, Mao sostiene:
Los derechistas,
aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en
realidad son enemigos. Declaramos abiertamente que lo son, que la contradicción
que nos enfrenta a ellos es una contradicción entre nosotros y el enemigo… (Obras escogidas, t. V, p. 541).
Esta
cita le alcanza también al reformismo. Así, los oportunistas y los reformistas que
actúan en el seno de las clases trabajadoras peruanas, son enemigos en la
medida en que mantienen una posición contraria al marxismo y a la revolución, motivo
por el cual se encuentran fuera de la identidad fundamental de los intereses de
clase del pueblo peruano.
El hecho pues de que actúen en el seno del pueblo, solo
puede confundir a quienes no abordan el problema desde el punto de vista de la
dialéctica marxista. Mao dice:
[Los derechistas] son
del pueblo en un tercio de sí mismos, y de la contrarrevolución en los dos
tercios restantes. (Ibídem).
A
algunos marxistas blandengues o más o menos blandengues, estas palabras de Mao (que
les alcanza asimismo a los reformistas) pueden parecerles demasiado fuertes.
Pero es cierto: los derechistas son tales porque sus posiciones sirven a la
burguesía, no al proletariado. Es decir, socialmente actúan en el seno del
pueblo y, por eso, algunos de ellos se ven forzados a utilizar un lenguaje
revolucionario a efecto de engañar a la gente; pero, ideológica y políticamente,
son agentes de la influencia de la burguesía entre el proletariado y las clases
trabajadoras en general. Precisamente es el caso de los liquidadores, quienes utilizan
un lenguaje marxista con el cual embaucan a algunas personas, siendo que lo que
hacen en realidad es introducir el liberalismo en el seno del pueblo,
precisamente en cuestiones tan importantes como la del partido y la del frente
unido. Los liquidadores silencian las contradicciones antagónicas en el seno
del pueblo y, sobre la base de este silenciamiento, promueven un partido
doctrinariamente heterogéneo y un frente amalgama con la participación de
reformistas y oportunistas. Todo esto es liberalismo. ¿A quién sirve este
liberalismo? Ciertamente no al proletariado, sino a la burguesía.
Por lo expuesto, se entenderá que, en cuanto a la
organización política del proletariado, “Es
absurdo seguir considerando el oportunismo como un fenómeno interior de Partido”
(Lenin, “El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional); “Ahora toda la
cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus
en el organismo, en aras de la ‘unificación’ (con el pus), o si para contribuir
a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar
esa podre del modo más rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca
temporalmente agudo dolor” (lugar citado; elipsis nuestra).
En cuanto al frente unido, desde los años sesenta el Partido
enfatizó que el frente no es para compartir con revisionistas y trotskistas.
Ahora hay que agregar que tampoco es para compartir con liquidadores.
El frente del pueblo peruano no puede ser solamente
el frente de las organizaciones revolucionarias, sino básicamente de la clase
obrera, el campesinado y la pequeña burguesía urbana sobre el cimiento de la
alianza obrero-campesina, y, por consiguiente, no es posible la construcción de un frente
unido revolucionario con la pequeña burguesía reformista y con oportunismos de
todo jaez.
Por eso, si la reconstitución del Partido de
Mariátegui es posible únicamente sin el revisionismo y contra el revisionismo
(el liquidacionismo es una forma específica de revisionismo); el frente unido
es posible únicamente sin el reformismo y contra el reformismo (el oportunismo
es, muchas veces, una forma de reformismo).
Resumiendo: no obstante
actuar en el seno del pueblo, tanto el reformismo como el oportunismo son
productos de la influencia de la ideología burguesa entre las clases
trabajadoras y, por eso, sus posiciones son contrarias a la identidad
fundamental de los intereses de clase del pueblo. Sin
embargo, ¿qué hace el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo? Pues, como
está probado, promueve un partido doctrinariamente heterogéneo, aunque lo niegue
de la boca para afuera y con artimañas absolutamente contrarias a la moral
revolucionaria; así como promueve también un frente amalgama con el concurso de
revisionistas y otras hierbas. Es decir, niega que “… las desviaciones del marxismo… las engendra ‘la influencia burguesa en el
proletariado’”; niega que “El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy
una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia
burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios”;
niega que “Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están
dentro del pueblo, en realidad son enemigos”; niega que “Ahora toda la cuestión
consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el
organismo, en aras de la ‘unificación’ (con el pus)”; niega que “La única línea
marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que
la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas
para la revolución en una lucha despiadada contra él”.
Si la independencia de clase del partido proletario
está dada por su adhesión al marxismo-leninismo y, por lo tanto, por la
depuración del oportunismo; el carácter revolucionario del frente unido está
dado por la correspondencia entre el programa revolucionario y su membresía
revolucionaria. Ningún programa revolucionario puede realizarse si el frente
unido está conformado por reformistas y oportunistas.
Sin embargo, en la medida en que los reformistas y
oportunistas “son del pueblo en un tercio de sí mismos”, en determinadas
circunstancias pueden actuar favorablemente a una u otra reivindicación
concreta, y en este caso el proletariado consciente puede actuar conjuntamente
con ellos, pero agitando sus propias consignas y aplicando sus propias formas
de lucha.
Sin embargo, por aquello de que los reformistas (la
izquierda de la derecha) y los oportunistas (la derecha de la izquierda), son
de “la contrarrevolución en los dos tercios restantes”, lo que no puede hacer el
proletariado es incorporarlos a las filas del frente unido revolucionario. Incorporarlos
a estas filas o compartir con ellos en un frente cualquiera, es oportunismo.
En resumidas cuentas, el liberalismo disfrazado de
marxismo-leninismo niega el antagonismo entre el revolucionarismo y el
reformismo y entre el marxismo y el revisionismo; en otras palabras, niega la
identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. De esta
forma da paso al liberalismo encarnado en la oportunista idea de la “unidad”
con tuti quanti. Este encubrimiento de
las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo y la derivada negación de
la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, es una flagrante
amputación de la dialéctica marxista y un evidente oportunismo en el trabajo de
masas.
14.12.2025.
Nota:
Este artículo fue escrito cuando el autor no
tenía conocimiento de la renuncia de Lastra al “marxismo-leninismo-maoísmo” y de
su paso al “marxismo-leninismo”. No obstante, hay que destacar que el artículo
subraya que aquel “m-l-m” era falso. Y como se ha subrayado en otro artículo, su
actual “m-l” también es falso. La verdad es esta: Lastra es liquidador, y esta
posición suya es cosa largamente demostrada.
01.02.2026
Comité
de Redacción.
¡Defender el
Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de
la Realidad Actual!
La Reconstitución del
Partido de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha de Jaime Lastra
E. I.
YA
CON ANTERIORIDAD a la Sexta Conferencia Nacional del Partido (enero de 1969),
la lucha por la Reconstitución tuvo sus primeras expresiones, pero las mismas
no representaban todavía una lucha centralizada y orgánicamente acatada por
toda la militancia; de todos modos, puede decirse que estas primeras
expresiones constituyeron la primera etapa de la lucha por la Reconstitución.
Inmediatamente de realizada la mencionada Conferencia, surgió en el partido el
liquidacionismo de derecha de Saturnino Paredes y, poco después, el
liquidacionismo de izquierda de Ramón García;(1) la lucha contra estos
liquidacionismos significó la lucha del partido por su propia existencia; el
desenvolvimiento de esta lucha fue la condición para poder luchar directamente
por la Reconstitución, aunque puede decirse que la lucha por la existencia del
partido fue la segunda etapa de su proceso reconstituyente. Más tarde, entre
los últimos años de los setenta y los primeros de los ochenta, surgió el
revisionismo de «izquierda» de Abimael Guzmán, quien, entre otras cosas, llevó
a la práctica su entendimiento unilateral y limitado de la Reconstitución con
aquello de «reconstituir el partido para la guerra popular»,(2). Esta consigna
entrañaba una abierta oposición a la correcta concepción según la cual el
partido se Constituye para la Revolución y no para una forma específica de
lucha y, como consecuencia, se Reconstituye también para la Revolución. La lucha
contra el revisionismo de «izquierda» de Guzmán fue la tercera etapa de la
Reconstitución. En los años ochenta reapareció el liquidacionismo de derecha,
esta vez bajo la batuta de Ramón García; así, este liquidacionismo aparece como
palingenesia del liquidacionismo de «izquierda» de los años setenta. El actual
liquidacionismo de derecha niega el partido de clase (precisamente por eso es
liquidacionismo) y, avanzado el tiempo, terminó como tenía que terminar:
renegando de la Reconstitución, lo cual implica la negación de los Fundamentos
Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del partido de Mariátegui, al
mismo tiempo que promoviendo un partido amalgama (formado por todo tipo de
oportunismo y revisionismo).(3)
En estas circunstancias, un pequeño grupo de activistas
asumió la defensa de la reconstitución del partido de Mariátegui, es decir, la
defensa de sus mencionados Fundamentos, así como la tarea de desarrollar los
mismos de acuerdo a la situación actual. Entonces la crítica del revisionismo
de «izquierda» de Guzmán y del liquidacionismo de derecha de García empezó a
adquirir una forma sistemática y multilateral. Sin embargo, en las propias
filas del pequeño grupo aludido arriba, un elemento, a quien se le estaba dando
la oportunidad de rectificarse de sus extravíos teóricos y prácticos, reveló
tempranamente oscuras intenciones. Este elemento es Jaime Lastra. Aprovechando
nuestra forzada ausencia en el país, alegremente propuso la realización del «V
Congreso» del Partido para el año 2011,(4) evento en el cual aspiraba a ser
elegido –con los votos del seguidismo y de la ingenuidad–, Secretario General
o, tal vez, Presidente del «Partido Reconstituido». Nada más este hecho da
cuenta del pobre entendimiento que nuestro nuevo liquidador tiene de la
Reconstitución. Desde luego, su acción extraña al estilo de trabajo marxista
fue oportunamente criticada. Pero sus métodos criollos continuaron socavando la
unidad: así, ocultó documentación nuestra a los ojos de los activistas que
estaban en proceso de organización, puso a un lado la consigna propuesta:
«Defender el pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo
en función de la realidad actual»; mintió a los activistas con aquello de la
“Propuesta unitaria de Jaime y Eduardo” (propuesta nunca consensuada en realidad); se opuso a la
aparición del blog CREACIÓN HEROICA (proponiéndonos que publicáramos nuestros
trabajos en los blogs de los liquidadores a fin, según dijo, ¡«de no dispersar
el trabajo de propaganda»!), y, no obstante haber sido convocado para que
escribiera en las páginas del mencionado blog, jamás lo hizo (ni siquiera tuvo
la elemental compostura de contestar a la convocatoria); boicoteó, con vil
pretexto, la publicación del libro El
partido de masas y de ideas de José
Carlos Mariátegui; finalmente
(finalmente solo en este rápido recuento, pues en realidad hay un largo
etcétera), marginó al Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (CRJCM),
suprimiendo así todo debate interno. De esta manera levantó tienda propia,
perpetuándose como cabeza de la misma. Ciertamente nuestra posición principista
le resultaba sumamente incómoda y perjudicial a su eclecticismo, a su
conciliacionismo, a su ambición desmesurada. La lucha contra el liquidacionismo
de García y de Lastra –no obstante la insignificancia de este último– es la
cuarta etapa relevante de la Reconstitución.
Como es de conocimiento común, Lastra ha puesto en juego
los argumentos más absurdos para justificar su falso
«marxismo-leninismo-maoísmo», así como su real política de paz con todas las
desviaciones del marxismo. Sin embargo, para lo único que le han servido
semejantes despropósitos, es para mostrar su penosa insolvencia teórica y su
embrollo ideológico que lo mantiene postrado en el conciliacionismo y en la
abdicación.
Lastra dice:
Ciertamente el revisionismo de «izquierda» de
Guzmán, el liquidacionismo de derecha de García y la desviación de derecha de
Lastra, han sido desenmascarados, pero, por cuanto esta última desviación ha
devenido liquidacionismo de derecha(10) y que, en esta condición, ha
profundizado su empeño en socavar el trabajo, el camino y el objetivo del CRJCM
de desarrollar la Reconstitución hasta hacer posible la realización del
Congreso Reconstituyente del Partido de Mariátegui, histórico evento a partir
del cual el Partido potenciará su trabajo de masas hasta alcanzar un profundo
enraizamiento en las clases trabajadoras, es necesario recapitular algunos
hechos.
Como es evidente, el «marxismo-leninismo-maoísmo» que
blande Lastra es más falso todavía que el de Guzmán, de quien lo ha tomado,
pero, como hemos visto, para deformarlo desde una posición derechista.(11)
En pleno impulso de la reconstitución del partido de
Mariátegui, todo embaucador Lastra agita la reconstitución, pero únicamente
para negarla intentando constituir un partido amalgama. Esto se confirma en dos
hechos relativamente recientes: en su absurda propuesta de fundar «un núcleo de
dirección» con elementos antagónicos entre sí (marxista-leninistas y
liquidadores); y en la reunión realizada en el mes de noviembre del año próximo
pasado, en la cual, como fue dispuesto por sus organizadores, participaron
elementos de la más variada filiación ideológica ¡para discutir la necesidad
del partido y la «reconstitución»!.(12)
La cuestión del partido proletario es, en principio, la
cuestión de su doctrina, la cuestión de su adhesión al marxismo-leninismo. Esto
quiere decir que cualquier amalgama ideológica que pueda consumarse, no pasaría
de ser una «juntucha».
Las características más salientes del liquidacionismo de
Lastra son las siguientes: 1) retórica adhesión al «marxismo-leninismo-maoísmo»
y monstruosa tergiversación del mismo; 2) por lo tanto, falso
«marxismo-leninismo-maoísmo»; 3) ergo, imposibilidad de integrar la verdad
universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana;
4) insolvencia para defender, actualizar y desarrollar la Creación Heroica de
Mariátegui y, de hecho, tergiversación de la misma; 5) por consiguiente,
discurso pro-reconstitución y socavación práctica de su contenido, su camino y
su objetivo; 6) eclecticismo teórico y conciliacionismo político; 7) en
consecuencia, amalgama orgánica, es decir, apuesta práctica por un partido mezcolanza;
8) métodos criollos; 9) entrismo en organizaciones partidarias y frentes; 10)
creídismo; 11) renuencia a la autocrítica.
De la lucha de Mariátegui por la constitución del partido
del proletariado peruano se desprenden dos enseñanzas de fundamental
importancia: la necesidad de construir una teoría de la realidad y la
revolución peruanas y llevar adelante el necesario deslinde con toda suerte de
desviación, con toda forma de oportunismo tanto en las filas del proletariado
consciente (construcción del partido) como en el marco de las clases
trabajadoras en general (construcción de la hegemonía del partido entre las
masas).
¿Quiénes han cumplido, en este tiempo en que la
reconstitución del Partido es una perentoria necesidad del proletariado
revolucionario, con defender, actualizar y desarrollar la Creación Heroica de
Mariátegui? ¿Quiénes han cumplido con establecer esta base, única e
insustituible, de la Reconstitución? ¿Lastra? ¿Algún otro activista partidario
de la amalgama ideológica? El lector tiene la palabra.
Así, pues, en esta hora grávida de acontecimientos
decisivos, los marxistas consecuentes deben saber mirar cara a cara los hechos
y deslindar con el falso marxismo-leninismo-maoísmo, la tergiversación de la
Creación Heroica de Mariátegui, el eclecticismo teórico, el conciliacionismo
político, la amalgama orgánica que se pretende imponer con notoria
desesperación. Solo así podrían demostrar que no ponen la amistad por encima
del marxismo, que no ponen ningún interés subalterno por encima del interés de
clase de llevar hasta el fin la Reconstitución y potenciar la lucha por el
socialismo. En cualquier otro caso, todo lo que estarían haciendo es ponerle el
hombro al liquidacionismo (forma específica de revisionismo), al intento de
desviar el camino de la Reconstitución, al protervo designio de liquidar la
Reconstitución misma con aquello del partido amalgama. En pocas palabras, y
para decirlo francamente, todo lo que estarían haciendo, así no sean
conscientes de ello, es servir al enemigo de clase.
La lucha contra el liquidacionismo de derecha y de
«izquierda» de los años setenta, contra el revisionismo de «izquierda» de
Abimael Guzmán y contra el actual liquidacionismo de derecha de Ramón García y
Jaime Lastra, hizo posible la retoma y el desarrollo –no completo aún, pero
suficiente por ahora– de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y
Orgánicos del partido de Mariátegui, es decir, hizo posible ingresar a la
quinta etapa relevante de la Reconstitución: a la etapa –no exenta de nuevas luchas,
como ha quedado demostrado ya– en la
cual comienzan a concentrarse los marxista-leninistas más conscientes y
volitivos a efecto de constituir un Comité de Coordinación que prepare a paso
firme la realización del trascendental Congreso Reconstituyente del Partido de
Mariátegui y, sobre esta base, llevar hasta el fin su Reconstitución.
En la lucha por alcanzar este objetivo, todo verdadero
marxista-leninista (por razones obvias es forzoso hablar en estos términos),
tiene las puertas abiertas de la Reconstitución, pues nadie es dueño de las
mismas. Pero, como no somos liberales burgueses y, por eso, no somos
partidarios de un partido amalgama, afirmamos que los marxista-leninistas
tienen que desembarazarse de toda carga negativa y adherir firmemente a la
verdad universal del proletariado, así como abrazar realmente la Creación
Heroica de Mariátegui. Solo así podrían aportar teórica y prácticamente a la
realización del Congreso Reconstituyente del Partido y a la consecución de la
meta de llevar hasta el fin la Reconstitución y, por lo tanto, solo así podrían
ocupar con toda justicia su puesto en la historia.
Notas
[2]
Esta consigna, «reconstituir el partido para la guerra popular», que encierra
una concepción militarista de la reconstitución, hasta donde estamos informados
venía del documento «Reconstituir el Partido para la guerra popular basándonos en Mao,
Mariátegui y la V Conferencia»,
escrito por Guzmán antes de la Sexta Conferencia y en preparación de ella.
[4] Lastra escribió: «… entre abril-junio
2011 debe realizarse una Conferencia Nacional que selle la unidad alcanzada
bajo lineamientos básicos [y] el mes de octubre de 2011 deberá ser la fecha
propicia para el V Congreso» (carta de Lastra al CRJCM del 02.11.2010). Además,
en su obnubilación, nuestro personaje no se dio cuenta de que, por el
desarrollo de los acontecimientos, ya entonces dicho título del Congreso había
perdido vigencia.
[5]
Artículo fechado el 10 de octubre de 2011 y publicado en el blog Camino Socialista dos días después. Es menester sustituir la palabra “Malo”,
destacada por Lastra con mayúsculas, por la palabra desviación (que es la
adecuada), pues cualquier marxista-leninista con un suficiente nivel teórico,
tiene que reconocer que ser «marxista» a secas (es decir «marxista» antileninista), o «marxista-leninista-maoísta» (formulación que niega el leninismo como el marxismo de nuestra época),
o «guevarista» (posición que representa tercerismo), o «trotskista» (oportunismo publicitado por la reacción
mundial y asumido especialmente por intelectuales pequeño burgueses,
heterodoxos por excelencia), o «fidelista» (corriente ligada al revisionismo contemporáneo), es contrario a todo
trabajo serio y responsable por la reconstitución del partido de Mariátegui y
por la construcción del frente unido del pueblo peruano para la lucha por la
toma del poder (frente, por lo tanto, no electorero ni puramente
reivindicativo). Para una mayor información sobre este tema, el lector puede
consultar nuestro artículo «La reconstitución y la política concreta II», publicado en el blog CREACIÓN HEROICA.