martes, 3 de febrero de 2026

Política

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Carlos Moreno Pretende Tapar el Sol con un Dedo 

(Tercera Parte) 

Eduardo Ibarra 

MORENO DICE:

 

A Ibarra le falta poco para burlarse de la afirmación de que "la reconstitución (sic) del partido de Mariategui (sic) se hará al calor de las luchas de nuestro pueblo". Con esta afirmación de ninguna manera se da a entender que esa reconstitución no es un proceso ideológico político y que  se presentará como caído del cielo como da a entender Ibarra atribuyendo esa creencia a Carlos Moreno. Aquí nuevamente Ibarra cae en el subjetivismo, supone cosas a partir de lo que lee literalmente. Cuando se dice que la reconstitución del PC se hará al calor de las luchas del pueblo, se está hablando dialecticamente (sic), es decir que esa reconstitución ya se inició y el propio grupo de Ibarra forma parte de ese proceso, como también lo forma el Comité Político Creación Heroica y quizá algún otro grupo que también plantea la reconstitución; pero este proceso tendrá que atravesar una etapa de debate ideologico (sic) y político y la confrontación con la práctica de cada una de las posiciones hasta lograr una unidad doctrinal homogénea de los más afines y seguramente en ese momento se hará realidad, se habrá culminado el proceso de reconstitución. Indudablemente algunos quedarán en el camino porque seguramente no coincidan con los puntos de las bases de unidad de la línea política. 

Pero sucede que la idea completa que Moreno expuso en “Breve respuesta al artículo de Eduardo Ibarra”, texto del cual se cita a sí mismo, es la siguiente: 


… el proceso tiene que ser de arduo debate político e ideológico y solo como resultado de este debate al calor de las luchas populares se decantaran (sic) los auténticos cc. de vanguardia que tomarán las banderas de un partido reconstituido solidamente (sic) afirmado en las banderas principistas de la doctrina del ML y armados de una teoría revolucionaria recogiendo y desarrollando el legado del Amauta. La reconstitución del partido de Mariategui (sic) tiene que hacerse, participando en las luchas reivindicativas y políticas del pueblo y de los trabajadores; en la forja de los frentes de masas y de los frentes políticos, única forma de enrumbar hacia un futuro frente unido del pueblo para la toma del poder dirigido por su vanguardia política. 

Moreno, pues, se cita a sí mismo incompletamente, porque  cree que de ese modo puede calumniarnos con alguna facilidad. Pero ocurre que, no obstante su intención, no puede engañar a nadie, pues, como acabamos de ver, la idea completa que expuso en “Breve respuesta…”, es aquella según la cual “como resultado” del  “debate”,  “se decantaran los auténticos cc. de vanguardia que tomarán las banderas de un partido reconstituido”. Es decir que, según nuestro liquidador, del debate “se decantarán los auténticos cc.”, y no resultará la reconstitución del partido precisamente. Por eso, hay que preguntarle: ¿y de qué proceso resultará el “partido reconstituido”, cuyas “banderas” “los auténticos cc” se limitarán a “tomar”? Moreno no da ninguna señal inequívoca acerca de esto y se pierde, como otras veces, en la más evidente ambigüedad. En consecuencia, no es que le imputemos que sostenga que la reconstitución es “un proceso” “que se presentará como caído del cielo”, sino que, en su propia argumentación, aparece como resultado de no se sabe qué. Pero, dada su ambigüedad, puede pensarse también que nuestro liquidador reduce la reconstitución a un “arduo debate político e ideológico”. 

       La actitud calumniosa de nuestro liquidador es irrefrenable. Así, dice: “[al señalar que el debate se hará al calor de las luchas del pueblo], de ninguna manera se da a entender que esa reconstitución no es un proceso ideológico político… como da a entender Ibarra atribuyendo esa creencia a Carlos Moreno”. 

Pero, por cierto, todo el que haya seguido nuestra polémica con Moreno y Lastra, tiene que saber que, desde el principio, planteamos que la Reconstitución tiene por base necesaria e insustituible la triple tarea de defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui. Y, ¿qué significa esto sino enfatizar que la Reconstitución implica, entre otras cosas, un debate ideológico y político? Entonces, es claro que sostenemos que la reconstitución implica un debate: implica, es decir, encierra, conlleva, comporta, no que sea nada más que un debate. Pero, según muestran los hechos, a nuestro liquidador hay que enseñarle que b y a, es ba. 

Pero hay más. Como hemos podido ver, mientras nosotros planteamos en términos concretos la tarea que implica la Reconstitución, Moreno y Lastra se llenan la boca hablando en términos abstractos de un debate “ideológico y político”. ¿Cuál es el contenido de este debate? Puede suponerse que algo tiene que ver con Mariátegui por aquella afirmación según la cual “los auténticos cc.”, terminarán “armados de una teoría revolucionaria recogiendo y desarrollando el legado del Amauta”. Aquí, sin embargo –y  para empezar– hay que hacer una aclaración. En la VI Conferencia del Partido, Saturnino Paredes impuso rebajar el pensamiento de Mariátegui a la condición de legado. Solo en el II Pleno del CC (1972), el Partido pudo acordar el concepto de pensamiento como el correcto. Pero, como hemos visto, Moreno (y también Lastra) hablan de “legado”, precisamente cuando la Reconstitución hace necesario e ineludible defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui. 

Entonces, está claro que el famoso “arduo debate” de Moreno no está argumentado concretamente como la lucha por la realización de la mencionada triple tarea, sino, como ya dijimos, planteado en términos abstractos, no obstante haber dicho nuestro liquidador que “los auténticos cc.”, terminarán “armados de una teoría revolucionaria, etcétera”, pues, no se sabe a ciencia cierta de dónde resulta esta “teoría revolucionaria”. ¿Del recojo y desarrollo del “legado de Mariátegui”? Como vemos, el concepto de retomar el pensamiento mariateguiano es suplantado por Moreno por el concepto de “recogerlo” (de “recoger” el “legado”, como si se tratase de un objeto cualquiera). Y esta suplantación encierra el hecho, demostrado en “El trasfondo de un artículo…”, que el grupo de Moreno no ha desarrollado en modo alguno el pensamiento de Mariátegui, sino que lo ha tergiversado. 

Así, pues, el fondo del asunto es que la cantinflesca argumentación de Moreno encierra una solapada oposición a la Reconstitución. 

En efecto, es de conocimiento general que el grupo de Moreno no ha aportado con nada de verdadero valor a la lucha por defender, actualizar y desarrollar el pensamiento de Mariátegui. Y que, en cuestiones tan fundamentales como la verdad universal del marxismo-leninismo y el contenido, la línea y el camino de la Reconstitución, no solo que no ha desarrollado nada sino que incluso mantiene posiciones que abonan un partido doctrinariamente heterogéneo, como precisamente lo intentó en agosto de 2024 (ver, a más del artículo “El trasfondo…”, el “Pronunciamiento” del COMITÉ DE RECONSTITUCIÓN JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI y los artículos “El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra” y “La tramposa reconstitución de Jaime Lastra”). 

Así que eso de “teoría revolucionaria” no pasa de ser una frase demagógica. ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que suplanta el marxismo-leninismo con el liberalismo? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que presenta flagrantes tergiversaciones del pensamiento de Mariátegui, como son, por ejemplo, la retoma del planteo ravinista de “un Perú plurinacional” y la suplantación de la etapa de nueva democracia de la revolución peruana por uno de sus productos, el Perú Integral? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que socava la Reconstitución con la idea de amalgamar a liquidadores y marxistas? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que niega, con la palabra “alucinaciones”, y por lo tanto con total amoralidad, los hechos relativos a la intención de suplantar el partido de clase por un partido amalgama? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que a espaldas de algunos activistas intenta consumar la constitución de un organismo partidario doctrinariamente heterogéneo? ¿Qué clase de “teoría revolucionaria” puede ser la que promueve un trabajo frentista electorero y reformista? 

En su actividad partidista, mientras habla de marxismo-leninismo, de Mariátegui, de partido de clase, de Reconstitución, etcétera, Lastra se rodea de algunos elementos negadores del marxismo-leninismo, tergiversadores del pensamiento de Mariátegui, partidarios del partido amalgama, adversarios de la Reconstitución, etcétera,(3) y esta flagrante incongruencia entre lo que proclama y lo que hace concretamente no solo denuncia el liberalismo que lo caracteriza, sino que, al mismo tiempo, pone en evidencia que todos sus pasos lo conducen a negar el partido de clase, como cuando, arrastrado por su complejo de director de orquesta, creyó que Ramón García y nosotros correríamos detrás de su “invitación” para fundar “un núcleo de dirección” doctrinariamente variopinto.

Esta es, pues, la “teoría revolucionaria” del grupo liquidacionista de Lastra y Moreno, y en este caso sí puede saberse de dónde ha resultado: de la falta de una posición de clase, de la aplicación del liberalismo, del oportunismo liquidacionista y del conchabamiento con toda clase de revisionismo. 

Nota

[3] No descartamos que entre los que colaboran en los medios virtuales de Lastra haya algunos marxistas, pero en este caso hay que lamentar que los mismos se presten a ponerle las espaldas para que nuestro liquidador cabalgue sobre ellas introduciendo entre el público lector su falso marxismo-leninismo, su espurio mariateguismo y su tramposa reconstitución.

Reconstitución

Nota:

El ensayo que sigue a continuación aborda la cuestión de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo y, como era obligatorio, lo hace en su relación con la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, identidad que se define por la contradicción principal que marca cada situación concreta. Este ensayo es una contribución para el correcto entendimiento del trabajo de masas del partido proletario, y tiene especial importancia en la presente situación en que los marxista-leninistas luchan por reconstituir el partido de Mariátegui. El trabajo de masas del partido es parte de su permanente construcción y, presentemente, parte fundamental de la Reconstitución. Llevar la Reconstitución hasta su culminación solo es posible en medio de la lucha de clases de las masas. Esta es una verdad elemental. Pero hay trabajo de masas y trabajo de masas. El oportunismo también hace trabajo de masas, pero fuera de la órbita del marxismo-leninismo, mientras el proletariado consciente desarrolla un trabajo de masas fundado en los principios de su ideología y en una táctica revolucionaria. El lector encontrará en el ensayo el fundamento filosófico del trabajo de masas del proletariado consciente. Entre otras cosas, este fundamento sirve para entender que quienes se llenan la boca hablando del oportunista trabajo de masas que realizan, están lejos del marxismo y, muy especialmente, de la dialéctica marxista. 

01.02.2026.

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!

 

Acerca de las Contradicciones Antagónicas en el Seno del Pueblo 

Eduardo Ibarra 

PARA TENER una visión completa de las contradicciones existentes en el seno del pueblo, no solo es necesario tener en cuenta las contradicciones no antagónicas, sino también las contradicciones antagónicas. Aunque el trazado de una táctica correcta implica la consideración de una serie de factores, ella es posible solo si se parte de una correcta comprensión de las contradicciones no antagónicas y las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo. 

En febrero de 1957, Mao señaló: 


Hablando en términos generales, las contradicciones en el seno del pueblo son contradicciones que se dan sobre la base de la identidad fundamental de los intereses de clase. (Obras escogidas, t. V, p. 421). 

Como es de conocimiento común, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo cambia según sea la contradicción principal en determinadas condiciones. En el Perú actual, la contradicción principal es entre la nación peruana, de una parte, y la gran burguesía intermediaria y el imperialismo, de otra parte. 

Ahora bien, la nación peruana está conformada por las clases sociales, pero la burguesía intermediaria del imperialismo es una clase antinacional, de manera que nuestra nación está compuesta por la clase obrera, el campesinado, la pequeña burguesía urbana y la burguesía nacional (o burguesía media), que, en determinadas condiciones, se opone al imperialismo en la medida en que este impide el desarrollo del capitalismo nacional. 

Lenin subrayaba con razón que en toda nación moderna hay dos naciones. Aquí hablamos, pues, de la nación del pueblo peruano. La contradicción entre esta nación, de una parte, y la gran burguesía y el imperialismo, de otra, es una contradicción antagónica, y tiene su resolución en la conquista del poder político por el pueblo. 

La identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano se da, pues, sobre la base de la lucha por la conquista del poder y de la unidad de las clases trabajadoras en un frente unido revolucionario. La estrategia de conquistar el poder tiene su fundamento en la membresía que le corresponde tener al frente unido y en una táctica justa en cada situación concreta de la lucha de clases. 

Como señalaron Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista, “las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante.”  Así, el reformismo en el seno del pueblo es, precisamente, un producto de la influencia de la ideología burguesa. Por eso, en cualquiera de sus formas, dicho reformismo no va más allá del régimen capitalista, pues apenas se propone algunos cambios compatibles con el mantenimiento de sus fundamentos: precisamente por eso es reformismo. En consecuencia, el reformismo no es parte de la identidad fundamental de los intereses de las clases que conforman el pueblo peruano; por el contrario, representa una posición antagónica con respecto a dicha identidad. 

Lo mismo sucede en el caso de las desviaciones del marxismo. Como se sabe, el marxismo es la ideología del proletariado, clase dirigente del pueblo, la cual, en consecuencia, encarna, más que ninguna otra clase, la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. Las desviaciones del marxismo no hacen parte de esta identidad fundamental de intereses de clase, precisamente porque no representan al proletariado, sino a la burguesía. 

Lenin señala: 


El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios. (“Quien mucho corre, pronto para”). 

Hablando específicamente sobre el liquidacionismo, el jefe bolchevique sostiene lo siguiente: 


… las desviaciones del marxismo las engendra la “contrarrevolución burguesa”, las engendra “la influencia burguesa en el proletariado”. (…) el liquidacionismo es una desviación “peligrosa” del marxismo, una desviación contra la actual es necesario luchar, que refleja “la influencia burguesa en el proletariado. (…) Los intereses de la burguesía, cuyo estado de espíritu es contrario a la democracia, y, en general, contrarrevolucionario, exigen la liquidación, la disolución del viejo Partido del proletariado. (…) El liquidacionismo no es solamente la liquidación (es decir, la disolución, la destrucción) del viejo Partido de la clase obrera; es también la destrucción de la independencia de clase del proletariado, la corrupción de su conciencia por las ideas burguesas. (“La decisión de 1910”).

… el liquidacionismo desde la derecha, o liquidacionismo en el sentido propio de la palabra, fue un viraje hacia el liberalismo. (…) debe estar claro para todos lo absurdo y ridículo de pensar en la posibilidad de “unir” o “conciliar este grupo [el grupo liquidacionista] con el partido obrero marxista. (“Artículo final de la recopilación: “Marxismo y liquidacionismo”). 

Sobre la base de estos juicios, el jefe bolchevique estableció la línea marxista en el movimiento obrero:

 

La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él, en aprovechar la experiencia de la guerra para desenmascarar todas las infamias de la política obrera liberal-nacionalista, y no para encubrirlas. (“El imperialismo y la escisión del socialismo”). 

¿Cuál es la esencia de estos categóricos juicios de Lenin? La esencia de los mismos es que, en el seno del pueblo, se dan no solo contradicciones no antagónicas sobre la base de la identidad fundamental de sus intereses de clase, sino también contradicciones antagónicas entre el revolucionarismo y el reformismo, entre el marxismo y el oportunismo. Estas contradicciones antagónicas son formas específicas del antagonismo entre el proletariado y la burguesía. También, por supuesto, en el seno del pueblo existe la contradicción entre la burguesía nacional y el proletariado. Esta contradicción tiene de suyo un carácter antagónico, pero, en las condiciones concretas en que la burguesía nacional se opone al imperialismo, puede transformarse en no antagónica si dicha burguesía y el proletariado toman como premisa de su acción el bien mayor: la unidad en la lucha contra el imperialismo. 

A propósito del antagonismo entre el marxismo y el oportunismo, Mao sostiene:

 

Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en realidad son enemigos. Declaramos abiertamente que lo son, que la contradicción que nos enfrenta a ellos es una contradicción entre nosotros y el enemigo… (Obras escogidas, t. V, p. 541). 

Esta cita le alcanza también al reformismo. Así, los oportunistas y los reformistas que actúan en el seno de las clases trabajadoras peruanas, son enemigos en la medida en que mantienen una posición contraria al marxismo y a la revolución, motivo por el cual se encuentran fuera de la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. 

El hecho pues de que actúen en el seno del pueblo, solo puede confundir a quienes no abordan el problema desde el punto de vista de la dialéctica marxista. Mao dice:

 

[Los derechistas] son del pueblo en un tercio de sí mismos, y de la contrarrevolución en los dos tercios restantes. (Ibídem). 

A algunos marxistas blandengues o más o menos blandengues, estas palabras de Mao (que les alcanza asimismo a los reformistas) pueden parecerles demasiado fuertes. Pero es cierto: los derechistas son tales porque sus posiciones sirven a la burguesía, no al proletariado. Es decir, socialmente actúan en el seno del pueblo y, por eso, algunos de ellos se ven forzados a utilizar un lenguaje revolucionario a efecto de engañar a la gente; pero, ideológica y políticamente, son agentes de la influencia de la burguesía entre el proletariado y las clases trabajadoras en general. Precisamente es el caso de los liquidadores, quienes utilizan un lenguaje marxista con el cual embaucan a algunas personas, siendo que lo que hacen en realidad es introducir el liberalismo en el seno del pueblo, precisamente en cuestiones tan importantes como la del partido y la del frente unido. Los liquidadores silencian las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo y, sobre la base de este silenciamiento, promueven un partido doctrinariamente heterogéneo y un frente amalgama con la participación de reformistas y oportunistas. Todo esto es liberalismo. ¿A quién sirve este liberalismo? Ciertamente no al proletariado, sino a la burguesía. 

Por lo expuesto, se entenderá que, en cuanto a la organización política del proletariado, “Es absurdo seguir considerando el oportunismo como un fenómeno interior de Partido” (Lenin, “El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional); “Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la ‘unificación’ (con el pus), o si para contribuir a la completa curación del organismo del movimiento obrero, es menester eliminar esa podre del modo más rápido y cuidadoso, aunque este proceso produzca temporalmente agudo dolor” (lugar citado; elipsis nuestra).      

En cuanto al frente unido, desde los años sesenta el Partido enfatizó que el frente no es para compartir con revisionistas y trotskistas. Ahora hay que agregar que tampoco es para compartir con liquidadores. 

El frente del pueblo peruano no puede ser solamente el frente de las organizaciones revolucionarias, sino básicamente de la clase obrera, el campesinado y la pequeña burguesía urbana sobre el cimiento de la alianza obrero-campesina, y, por consiguiente, no es posible la construcción de un frente unido revolucionario con la pequeña burguesía reformista y con oportunismos de todo jaez.      

Por eso, si la reconstitución del Partido de Mariátegui es posible únicamente sin el revisionismo y contra el revisionismo (el liquidacionismo es una forma específica de revisionismo); el frente unido es posible únicamente sin el reformismo y contra el reformismo (el oportunismo es, muchas veces, una forma de reformismo). 

       Resumiendo: no obstante actuar en el seno del pueblo, tanto el reformismo como el oportunismo son productos de la influencia de la ideología burguesa entre las clases trabajadoras y, por eso, sus posiciones son contrarias a la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo. Sin embargo, ¿qué hace el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo? Pues, como está probado, promueve un partido doctrinariamente heterogéneo, aunque lo niegue de la boca para afuera y con artimañas absolutamente contrarias a la moral revolucionaria; así como promueve también un frente amalgama con el concurso de revisionistas y otras hierbas. Es decir, niega que “… las desviaciones del marxismo… las engendra ‘la influencia burguesa en el proletariado’”; niega que “El revisionismo o “revisión” del marxismo es hoy una de las principales manifestaciones, si no la principal de la influencia burguesa sobre el proletariado y de la corrupción burguesa de los proletarios”; niega que “Los derechistas, aunque desde un punto de vista formal todavía están dentro del pueblo, en realidad son enemigos”; niega que “Ahora toda la cuestión consiste en decidir si… hay que intentar introducir nuevamente ese pus en el organismo, en aras de la ‘unificación’ (con el pus)”; niega que “La única línea marxista en el movimiento obrero mundial consiste en explicar a las masas que la escisión con el oportunismo es inevitable e imprescindible, en educarlas para la revolución en una lucha despiadada contra él”. 

Si la independencia de clase del partido proletario está dada por su adhesión al marxismo-leninismo y, por lo tanto, por la depuración del oportunismo; el carácter revolucionario del frente unido está dado por la correspondencia entre el programa revolucionario y su membresía revolucionaria. Ningún programa revolucionario puede realizarse si el frente unido está conformado por reformistas y oportunistas. 

Sin embargo, en la medida en que los reformistas y oportunistas “son del pueblo en un tercio de sí mismos”, en determinadas circunstancias pueden actuar favorablemente a una u otra reivindicación concreta, y en este caso el proletariado consciente puede actuar conjuntamente con ellos, pero agitando sus propias consignas y aplicando sus propias formas de lucha. 

Sin embargo, por aquello de que los reformistas (la izquierda de la derecha) y los oportunistas (la derecha de la izquierda), son de “la contrarrevolución en los dos tercios restantes”, lo que no puede hacer el proletariado es incorporarlos a las filas del frente unido revolucionario. Incorporarlos a estas filas o compartir con ellos en un frente cualquiera, es oportunismo. 

En resumidas cuentas, el liberalismo disfrazado de marxismo-leninismo niega el antagonismo entre el revolucionarismo y el reformismo y entre el marxismo y el revisionismo; en otras palabras, niega la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo peruano. De esta forma da paso al liberalismo encarnado en la oportunista idea de la “unidad” con tuti quanti. Este encubrimiento de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo y la derivada negación de la identidad fundamental de los intereses de clase del pueblo, es una flagrante amputación de la dialéctica marxista y un evidente oportunismo en el trabajo de masas. 

14.12.2025.


Nota:

Este artículo fue escrito cuando el autor no tenía conocimiento de la renuncia de Lastra al “marxismo-leninismo-maoísmo” y de su paso al “marxismo-leninismo”. No obstante, hay que destacar que el artículo subraya que aquel “m-l-m” era falso. Y como se ha subrayado en otro artículo, su actual “m-l” también es falso. La verdad es esta: Lastra es liquidador, y esta posición suya es cosa largamente demostrada.

01.02.2026

Comité de Redacción. 

 

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual! 

 

La Reconstitución del Partido de Mariátegui y el Liquidacionismo de Derecha de Jaime Lastra 

E. I. 

YA CON ANTERIORIDAD a la Sexta Conferencia Nacional del Partido (enero de 1969), la lucha por la Reconstitución tuvo sus primeras expresiones, pero las mismas no representaban todavía una lucha centralizada y orgánicamente acatada por toda la militancia; de todos modos, puede decirse que estas primeras expresiones constituyeron la primera etapa de la lucha por la Reconstitución. Inmediatamente de realizada la mencionada Conferencia, surgió en el partido el liquidacionismo de derecha de Saturnino Paredes y, poco después, el liquidacionismo de izquierda de Ramón García;(1) la lucha contra estos liquidacionismos significó la lucha del partido por su propia existencia; el desenvolvimiento de esta lucha fue la condición para poder luchar directamente por la Reconstitución, aunque puede decirse que la lucha por la existencia del partido fue la segunda etapa de su proceso reconstituyente. Más tarde, entre los últimos años de los setenta y los primeros de los ochenta, surgió el revisionismo de «izquierda» de Abimael Guzmán, quien, entre otras cosas, llevó a la práctica su entendimiento unilateral y limitado de la Reconstitución con aquello de «reconstituir el partido para la guerra popular»,(2). Esta consigna entrañaba una abierta oposición a la correcta concepción según la cual el partido se Constituye para la Revolución y no para una forma específica de lucha y, como consecuencia, se Reconstituye también para la Revolución. La lucha contra el revisionismo de «izquierda» de Guzmán fue la tercera etapa de la Reconstitución. En los años ochenta reapareció el liquidacionismo de derecha, esta vez bajo la batuta de Ramón García; así, este liquidacionismo aparece como palingenesia del liquidacionismo de «izquierda» de los años setenta. El actual liquidacionismo de derecha niega el partido de clase (precisamente por eso es liquidacionismo) y, avanzado el tiempo, terminó como tenía que terminar: renegando de la Reconstitución, lo cual implica la negación de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del partido de Mariátegui, al mismo tiempo que promoviendo un partido amalgama (formado por todo tipo de oportunismo y revisionismo).(3) 

En estas circunstancias, un pequeño grupo de activistas asumió la defensa de la reconstitución del partido de Mariátegui, es decir, la defensa de sus mencionados Fundamentos, así como la tarea de desarrollar los mismos de acuerdo a la situación actual. Entonces la crítica del revisionismo de «izquierda» de Guzmán y del liquidacionismo de derecha de García empezó a adquirir una forma sistemática y multilateral. Sin embargo, en las propias filas del pequeño grupo aludido arriba, un elemento, a quien se le estaba dando la oportunidad de rectificarse de sus extravíos teóricos y prácticos, reveló tempranamente oscuras intenciones. Este elemento es Jaime Lastra. Aprovechando nuestra forzada ausencia en el país, alegremente propuso la realización del «V Congreso» del Partido para el año 2011,(4) evento en el cual aspiraba a ser elegido –con los votos del seguidismo y de la ingenuidad–, Secretario General o, tal vez, Presidente del «Partido Reconstituido». Nada más este hecho da cuenta del pobre entendimiento que nuestro nuevo liquidador tiene de la Reconstitución. Desde luego, su acción extraña al estilo de trabajo marxista fue oportunamente criticada. Pero sus métodos criollos continuaron socavando la unidad: así, ocultó documentación nuestra a los ojos de los activistas que estaban en proceso de organización, puso a un lado la consigna propuesta: «Defender el pensamiento de Mariátegui de toda tergiversación y desarrollarlo en función de la realidad actual»; mintió a los activistas con aquello de la “Propuesta unitaria de Jaime y Eduardo” (propuesta nunca  consensuada en realidad); se opuso a la aparición del blog CREACIÓN HEROICA (proponiéndonos que publicáramos nuestros trabajos en los blogs de los liquidadores a fin, según dijo, ¡«de no dispersar el trabajo de propaganda»!), y, no obstante haber sido convocado para que escribiera en las páginas del mencionado blog, jamás lo hizo (ni siquiera tuvo la elemental compostura de contestar a la convocatoria); boicoteó, con vil pretexto, la publicación del libro El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui;  finalmente (finalmente solo en este rápido recuento, pues en realidad hay un largo etcétera), marginó al Comité de Reconstitución José Carlos Mariátegui (CRJCM), suprimiendo así todo debate interno. De esta manera levantó tienda propia, perpetuándose como cabeza de la misma. Ciertamente nuestra posición principista le resultaba sumamente incómoda y perjudicial a su eclecticismo, a su conciliacionismo, a su ambición desmesurada. La lucha contra el liquidacionismo de García y de Lastra –no obstante la insignificancia de este último– es la cuarta etapa relevante de la Reconstitución. 

Como es de conocimiento común, Lastra ha puesto en juego los argumentos más absurdos para justificar su falso «marxismo-leninismo-maoísmo», así como su real política de paz con todas las desviaciones del marxismo. Sin embargo, para lo único que le han servido semejantes despropósitos, es para mostrar su penosa insolvencia teórica y su embrollo ideológico que lo mantiene postrado en el conciliacionismo y en la abdicación. 

Lastra dice: 

no es MALO ser “marxista”, “marxista-leninista”, “marxista-leninista-maoísta”; tampoco lo es ser “guevarista”, “mariateguista”, “trotskista”, “fidelista”, etc.(5) 

Si no es malo ser un desviado del marxismo (quedan por fuera de nuestra observación los marxista-leninistas y los mariateguistas), entonces, ¿por qué los maestros del proletariado, de Marx y Engels a Mao y Mariátegui, dedicaron mucho tiempo y copiosas páginas en la crítica a las diversas desviaciones del marxismo? Con su citada afirmación Lastra tergiversa, pues, de la forma más grosera, las enseñanzas de los maestros. De este modo pretende justificar el vergonzoso hecho de que durante aproximadamente diez años le pusiera el hombro a los eventos del grupo liquidacionista encabezado por García, que, como se sabe bien, tenían el objetivo exclusivo de liquidar el partido de clase.(6)

También dice Lastra:

Toda abstención contradice la política revolucionaria del m-l-m.(7)

Lastra cree, pues, que el «marxismo-leninismo-maoismo» propone la participación de sus adherentes en toda acción y en todo evento de todas las organizaciones y grupos existentes en la escena nacional. Y para justificar semejante estulticia, esgrime dos hechos: la no participación del PCP-SL en los paros nacionales de fines de los años 70 y de la «izquierda legalista» en los paros armados convocados por dicho partido.(8) Así, se sirve de tales hechos para calificar de sectarios a los que no participaron en los mismos. Con esta sofística nuestro personaje cree haber matado dos pájaros de un tiro. Pero, cualquier lector con dos dedos de frente, tiene que darse cuenta de la enormidad: Lastra pretende que lo que llama la «izquierda legalista», pero, en realidad, toda la izquierda no comprometida con la aventura «senderista», hubiera tenido que participar en los «paros armados», y, al no hacerlo, cometieron «sectarismo». Es decir que el pretenso descubridor de la forma de superar el sectarismo existente en nuestro medio, termina revelándose como un verdadero anarcoide;(9) mutatis mutandis, esa visión anarcoide es la que promueve hasta ahora mismo. Ni siquiera se ha percatado de que solo es imperativo participar en aquellas acciones que desbrozan la tendencia histórica de formación, consolidación y desarrollo de un movimiento revolucionario de masas. Pero el análisis indica algo más. El sofístico argumento de Lastra apunta a justificar su tozuda participación en los eventos del grupo liquidacionista que encabeza García. De esta argumentación (solo de esta argumentación, pues ni él mismo cumple con su creencia) se desprende su concepto de sectarismo y de no sectarismo. Según su pobre entendimiento, son sectarios quienes no participan en todas las acciones y en todos los eventos de todas las organizaciones y grupos de izquierda y de «izquierda» (en consecuencia, él mismo sería un sectario); y no son sectarios quienes participan en todas esas acciones y todos esos eventos (¿quién hace esto, se puede saber?).

Ciertamente el revisionismo de «izquierda» de Guzmán, el liquidacionismo de derecha de García y la desviación de derecha de Lastra, han sido desenmascarados, pero, por cuanto esta última desviación ha devenido liquidacionismo de derecha(10) y que, en esta condición, ha profundizado su empeño en socavar el trabajo, el camino y el objetivo del CRJCM de desarrollar la Reconstitución hasta hacer posible la realización del Congreso Reconstituyente del Partido de Mariátegui, histórico evento a partir del cual el Partido potenciará su trabajo de masas hasta alcanzar un profundo enraizamiento en las clases trabajadoras, es necesario recapitular algunos hechos. 

Como es evidente, el «marxismo-leninismo-maoísmo» que blande Lastra es más falso todavía que el de Guzmán, de quien lo ha tomado, pero, como hemos visto, para deformarlo desde una posición derechista.(11) 

En pleno impulso de la reconstitución del partido de Mariátegui, todo embaucador Lastra agita la reconstitución, pero únicamente para negarla intentando constituir un partido amalgama. Esto se confirma en dos hechos relativamente recientes: en su absurda propuesta de fundar «un núcleo de dirección» con elementos antagónicos entre sí (marxista-leninistas y liquidadores); y en la reunión realizada en el mes de noviembre del año próximo pasado, en la cual, como fue dispuesto por sus organizadores, participaron elementos de la más variada filiación ideológica ¡para discutir la necesidad del partido y la «reconstitución»!.(12) 

La cuestión del partido proletario es, en principio, la cuestión de su doctrina, la cuestión de su adhesión al marxismo-leninismo. Esto quiere decir que cualquier amalgama ideológica que pueda consumarse, no pasaría de ser una «juntucha». 

Las características más salientes del liquidacionismo de Lastra son las siguientes: 1) retórica adhesión al «marxismo-leninismo-maoísmo» y monstruosa tergiversación del mismo; 2) por lo tanto, falso «marxismo-leninismo-maoísmo»; 3) ergo, imposibilidad de integrar la verdad universal del proletariado con la práctica concreta de la revolución peruana; 4) insolvencia para defender, actualizar y desarrollar la Creación Heroica de Mariátegui y, de hecho, tergiversación de la misma; 5) por consiguiente, discurso pro-reconstitución y socavación práctica de su contenido, su camino y su objetivo; 6) eclecticismo teórico y conciliacionismo político; 7) en consecuencia, amalgama orgánica, es decir, apuesta práctica por un partido mezcolanza; 8) métodos criollos; 9) entrismo en organizaciones partidarias y frentes; 10) creídismo; 11) renuencia a la autocrítica. 

De la lucha de Mariátegui por la constitución del partido del proletariado peruano se desprenden dos enseñanzas de fundamental importancia: la necesidad de construir una teoría de la realidad y la revolución peruanas y llevar adelante el necesario deslinde con toda suerte de desviación, con toda forma de oportunismo tanto en las filas del proletariado consciente (construcción del partido) como en el marco de las clases trabajadoras en general (construcción de la hegemonía del partido entre las masas). 

¿Quiénes han cumplido, en este tiempo en que la reconstitución del Partido es una perentoria necesidad del proletariado revolucionario, con defender, actualizar y desarrollar la Creación Heroica de Mariátegui? ¿Quiénes han cumplido con establecer esta base, única e insustituible, de la Reconstitución? ¿Lastra? ¿Algún otro activista partidario de la amalgama ideológica? El lector tiene la palabra. 

Así, pues, en esta hora grávida de acontecimientos decisivos, los marxistas consecuentes deben saber mirar cara a cara los hechos y deslindar con el falso marxismo-leninismo-maoísmo, la tergiversación de la Creación Heroica de Mariátegui, el eclecticismo teórico, el conciliacionismo político, la amalgama orgánica que se pretende imponer con notoria desesperación. Solo así podrían demostrar que no ponen la amistad por encima del marxismo, que no ponen ningún interés subalterno por encima del interés de clase de llevar hasta el fin la Reconstitución y potenciar la lucha por el socialismo. En cualquier otro caso, todo lo que estarían haciendo es ponerle el hombro al liquidacionismo (forma específica de revisionismo), al intento de desviar el camino de la Reconstitución, al protervo designio de liquidar la Reconstitución misma con aquello del partido amalgama. En pocas palabras, y para decirlo francamente, todo lo que estarían haciendo, así no sean conscientes de ello, es servir al enemigo de clase. 

La lucha contra el liquidacionismo de derecha y de «izquierda» de los años setenta, contra el revisionismo de «izquierda» de Abimael Guzmán y contra el actual liquidacionismo de derecha de Ramón García y Jaime Lastra, hizo posible la retoma y el desarrollo –no completo aún, pero suficiente por ahora– de los Fundamentos Ideológicos, Teóricos, Políticos y Orgánicos del partido de Mariátegui, es decir, hizo posible ingresar a la quinta etapa relevante de la Reconstitución: a la etapa –no exenta de nuevas luchas, como  ha quedado demostrado ya– en la cual comienzan a concentrarse los marxista-leninistas más conscientes y volitivos a efecto de constituir un Comité de Coordinación que prepare a paso firme la realización del trascendental Congreso Reconstituyente del Partido de Mariátegui y, sobre esta base, llevar hasta el fin su Reconstitución. 

En la lucha por alcanzar este objetivo, todo verdadero marxista-leninista (por razones obvias es forzoso hablar en estos términos), tiene las puertas abiertas de la Reconstitución, pues nadie es dueño de las mismas. Pero, como no somos liberales burgueses y, por eso, no somos partidarios de un partido amalgama, afirmamos que los marxista-leninistas tienen que desembarazarse de toda carga negativa y adherir firmemente a la verdad universal del proletariado, así como abrazar realmente la Creación Heroica de Mariátegui. Solo así podrían aportar teórica y prácticamente a la realización del Congreso Reconstituyente del Partido y a la consecución de la meta de llevar hasta el fin la Reconstitución y, por lo tanto, solo así podrían ocupar con toda justicia su puesto en la historia. 

Notas

[1] Mientras simulaba luchar por la existencia del Partido, García desactivaba el Comité Regional de Lima del Partido,  conducía a la militancia al ocultismo y le entregaba en bandeja de plata al PCP-PR la dirección del Sutep.

[2] Esta consigna, «reconstituir el partido para la guerra popular», que encierra una concepción militarista de la reconstitución, hasta donde estamos informados venía del documento «Reconstituir el Partido para la guerra popular basándonos en Mao, Mariátegui y la V Conferencia», escrito por Guzmán antes de la Sexta Conferencia y en preparación de ella.

[3] Sobre esta negación y el partido amalgama, el lector puede ver nuestros libros El partido de masas y de ideas de José Carlos Mariátegui, El partido de Mariátegui hoy: Constitución, nombre, reconstitución, La Creación heroica de Mariátegui y el socialismo peruano. Planteamiento de la cuestión.

[4] Lastra escribió: «… entre abril-junio 2011 debe realizarse una Conferencia Nacional que selle la unidad alcanzada bajo lineamientos básicos [y] el mes de octubre de 2011 deberá ser la fecha propicia para el V Congreso» (carta de Lastra al CRJCM del 02.11.2010). Además, en su obnubilación, nuestro personaje no se dio cuenta de que, por el desarrollo de los acontecimientos, ya entonces dicho título del Congreso había perdido vigencia.

[5] Artículo fechado el 10 de octubre de 2011 y publicado en el blog Camino Socialista dos días después. Es menester sustituir la palabra “Malo”, destacada por Lastra con mayúsculas, por la palabra desviación (que es la adecuada), pues cualquier marxista-leninista con un suficiente nivel teórico, tiene que reconocer que ser «marxista» a secas (es decir «marxista» antileninista), o «marxista-leninista-maoísta» (formulación que niega el leninismo como el marxismo de nuestra época), o «guevarista» (posición que representa tercerismo), o «trotskista» (oportunismo publicitado por la reacción mundial y asumido especialmente por intelectuales pequeño burgueses, heterodoxos por excelencia), o «fidelista» (corriente ligada al revisionismo contemporáneo), es contrario a todo trabajo serio y responsable por la reconstitución del partido de Mariátegui y por la construcción del frente unido del pueblo peruano para la lucha por la toma del poder (frente, por lo tanto, no electorero ni puramente reivindicativo). Para una mayor información sobre este tema, el lector puede consultar nuestro artículo «La reconstitución y la política concreta II», publicado en el blog CREACIÓN HEROICA.

[6] No solo su alegre participación en los eventos de los liquidadores es prueba irrefutable del conciliacionismo y de la abdicación de Lastra, sino también su «frente unido» con una vertiente del revisionismo (ver los dos números de la revista Pizarra Socialista) y su vergonzosa conformidad con la arbitraria y oportunista división de nuestro pueblo en «pueblo peruano» y «pueblo tawantinsuyano». Para una información más detallada de estos ejemplos de conciliacionismo y abdicación, el lector puede ver nuestro artículo «La reconstitución y la política concreta III», publicado en este blog.

[7] Carta del 31.10.12 al CRJCM.

[8] Ver nuestro artículo «La reconstitución y la política concreta II».

[9] A propósito de la no participación del PCP-SL en los famosos paros nacionales de los setenta, en nuestro libro El pez fuera del agua escribimos lo que sigue: «… el PCP-SL pretendió descalificar algunas importantes luchas populares, como los paros nacionales de 1977 y 1978, a los que, en una expresión de absurdo doctrinarismo, calificó de «paros revisionistas». Como no podía ser de otro modo, esta política contraria a la acción frenteunionista del pueblo peruano abrió una brecha entre la organización senderista y las amplias masas populares y, así, al replegarse al departamento de Ayacucho en 1980, su frente unido actuado como suma de «organizaciones rojas», constituyó nada más que la continuación de su egotismo sectario» (pp. 120-121). Citado esto, se entenderá que lo que criticamos aquí es la creencia de que todas las organizaciones de la izquierda ortodoxa y de la izquierda reformista debieron participar en los paros armados de Sendero.

[10] Es menester subrayar que el liquidacionismo de Lastra (negación del partido de clase), estaba ya, in nuce, en su afirmación según la cual «no es Malo ser, etcétera».

[11] El lector puede encontrar una refutación del «marxismo-leninismo-maoísmo» de Lastra en el artículo «La reconstitución y la verdad universal del proletariado», publicado en este blog.

[12] Según información recogida, esta reunión terminó en un ruidoso fracaso, no por culpa de los invitados, sino por sus organizadores que, como es notorio, no tuvieron (NO TIENEN) nada de valor que proponer como base de un debate fructífero sobre cuestiones cardinales: verdad universal del proletariado, integración de esta verdad con la práctica concreta de la revolución peruana, línea política general, tipo de partido que requiere el proletariado peruano (partido de clase: de cuadros, de masas). Nadie puede decir, sin caer en la demagogia, que por haber llegado a la idea de que es necesaria una vanguardia, así en general, la reunión fue un éxito. La reunión no constató ninguna defensa, ninguna actualización y ningún desarrollo del pensamiento de Mariátegui de parte de los organizadores, y en esto reside su fracaso. Precisamente el grupo de Lastra se caracteriza, entre otras cosas, por encontrarse en una clamorosa vaciedad teórica. Su utilización oportunista de la producción literaria de autores pertenecientes a otros grupos no es ni puede ser parte del bagaje del grupo de Lastra. Este bagaje comprende, desde luego, algunos cuantos artículos, pero todos ellos presentan el signo del oportunismo (ver, cuando menos, los artículos «La verdad universal y la reconstitución del partido de Mariátegui», «El pensamiento de Mariátegui y la reconstitución del partido», «La reconstitución y la política concreta I», «La reconstitución y la política concreta II», «La reconstitución y la política concreta III», «La reconstitución y el trabajo orgánico», «El concepto mariateguiano de un Perú Integral», «El trasfondo de un artículo de Carlos Moreno», «La verdad se busca en los hechos», «El falso marxismo-leninismo de Jaime Lastra», «La tramposa reconstitución de Jaime Lastra» y «Acerca de las contradicciones antagónicas en el seno del pueblo». Toda esta literatura ha sido publicada en el blog CREACIÓN HEROICA.



Internacionales

¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


Donald Trump: ¿Nuevo Fascismo o Viejo Imperialismo?

Marcelo Ñaupari

LA FIGURA DE TRUMP no puede entenderse simplemente como un accidente histórico o por sus anomalías psicológicas, sino como la cristalización de contradicciones profundas del capitalismo, ya que, en “el país de la libertad”, el trumpismo es tolerado o incluso aplaudido por la burguesía estadounidense y aliados. Ante su matonería mundial, la violación de tratados internacionales y el rapto de Maduro, su poder judicial se lavó las manos y dijo que no existe el Cartel de los soles, sin embargo, sigue con el juicio ilegal; y el poder legislativo le envió una tenue advertencia: “pero no lo vuelvas a hacer”.

La burguesía estadounidense está preparándose desde hace algún tiempo para enfrentar a su principal contrincante económico, la economía china, y está generando sus condiciones para una guerra, por eso necesitan a una figura como Trump para volver a someter a sus colonias económicas e intentar aislar a China de insumos básicos y tecnología, y así azuzar una respuesta que escale a un conflicto mayor.

La claridad sobre este momento nos permite entender la estrategia de los pueblos para esta parte del siglo XXI y organizarnos frente a fenómenos parecidos en nuestras regiones.

El estilo de Donald Trump es el que más nos ha hecho recordar al fascismo desde los años 40, en que Europa se veía desbordada por este fenómeno irracional. Trump tiene la capacidad de unificar a sectores de la pequeña burguesía y a una clase trabajadora desposeída por la desindustrialización, canalizando su descontento no contra el capital, sino contra chivos expiatorios: inmigrantes, minorías, el "Estado profundo", la “ideología woke”, China y el tan temido comunismo.

Su movimiento está respaldado principalmente por sectores extractivos (petróleo), militar, alta tecnología (Elon Musk, Peter Thiel) y fondos de capital privado que ven en las regulaciones democráticas un obstáculo para su acumulación insaciable. Es decir que la burguesía imperialista ya no se sentía protegida por el gobierno norteamericano.

Su fin es fortalecer un estado acorde a sus intereses (Project 2025), busca desmantelar la administración estatal demoburguesa para sustituirla por una red de lealtades personales, concentrando el poder ejecutivo bajo la "teoría del ejecutivo unitario".

Como vemos, no es un gobierno típico estadounidense, sin embargo, ¿basta con eso para definirlo como fascista? El gobierno estadounidense ha usado muchas veces el intervencionismo militar, las cacerías de brujas y el control del estado para fines de grupo y no se le catalogó como fascista. La característica principal del fascismo es convertirse en un estado corporativo, es decir tener control total de las instituciones del Estado y organizaciones de base, las cuales puede proscribir, infiltrarse o paralelizarlas, con el fin de enfrentar pueblo contra pueblo y así imponer violentamente sus decisiones en las masas de trabajadores; todo esto porque el avance del proletariado ha puesto en jaque a la burguesía y necesita defenderse a como de lugar.

Si bien El fenómeno Trump puede acercarse al fascismo, catalogarlo así es lavarle la cara al capitalismo de siempre, el trumpismo es el imperialismo quitándose la careta de la "misión civilizadora" y el multilateralismo; entonces estaremos de acuerdo de que un Estado brutalmente represor no es exclusividad del fascismo. Es decir que nuestra consigna debería ser desenmascarar al capitalismo para derribarlo, definirlo como fascismo implica que nuestra política debería ser básicamente de resistir y defender, incluso, el estado Demoliberal, en alianza con la burguesía democrática.

       La tarea es poner en evidencia al imperialismo de Trump pues sirve a los mismos intereses de clase que el de sus predecesores: asegurar el dominio del dólar, el control de recursos estratégicos y la contención de rivales hegemónicos. La guerra comercial explica su interés explícito (casi desesperación) en los recursos de Groenlandia. Con respecto a sus propios aliados, no ejerce una presión diplomática sino un imperialismo unilateral. Trump rompe con el orden de la posguerra (OTAN, acuerdos comerciales) para renegociar los términos de la hegemonía estadounidense desde una posición de fuerza bruta, sin las trabas del derecho internacional.

Sin embargo, el imperialismo no es incompatible con el fascismo, ya decía Dimitrov (1935) que el fascismo es: “la dictadura terrorista abierta de los elementos más reaccionarios, más chovinistas y más imperialistas del capital financiero"; y Trump y sus seguidores son admiradores del fascismo y lo implantarían si pudieran someter a todo el aparato estatal estadounidense; tampoco paralelizan organizaciones de trabajadores, básicamente porque ya no tienen el poder de antes y muchas veces no existen; volvemos a señalar, la respuesta de Trump responde más a intereses de hegemonía global que al avance de procesos revolucionarios.

La lucha contra este fenómeno no puede limitarse a la defensa de la democracia liberal, sino que requiere la construcción de una solidaridad transnacional que cuestione las bases mismas de la acumulación capitalista e imperialista.

Tampoco podemos subestimarlo ya que es muy peligroso, como todo capitalismo, incluyendo a esa mezcla rara de liberalismo y conservadurismo que se propaga en nuestras regiones. Ahí se hace evidente nuestra táctica, ya que no es momento para unirse a la democracia burguesa que los llaman fascismos para afirmarse como el “capitalismo bueno”.



¡Defender el Pensamiento de Mariátegui de Toda Tergiversación y Desarrollarlo en Función de la Realidad Actual!


El Asedio Imperialista Sobre Venezuela Continúa Hasta el Día de Hoy

Santiago Ibarra

EL 3 DE ENERO DE 2026, luego de un asedio ininterrumpido de 19 semanas con la tecnología militar más letal del mundo, que dejó un saldo de 105 personas asesinadas acusadas de ser narcotraficantes sin prueba alguna, Estados Unidos invadió Venezuela, violando el derecho internacional. El imperio en declive bombardeó Caracas, Aragua y La Guaira y secuestró al presidente Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores, dejando asesinados a 32 militares cubanos, 24 militares venezolanos y decenas de civiles. Con semejante asedio militar, a la vez que presionaban sobre el gobierno venezolano, presionaban y presionan aún a los gobiernos de Cuba, México, Colombia, Brasil, Centro América, el Caribe y Sudamérica, para obtener de ellos concesiones económicas y, algo muy importante para Estados Unidos, que tomen distancia de China (aumentándole los aranceles, por ejemplo, o expulsándola de rutas marítimas fundamentales, como es el caso reciente de Panamá).

En realidad, el asedio imperialista y reaccionario contra Venezuela empezó bastante pronto. Poco tiempo después de que Hugo Chávez ganara las elecciones nacionales (a fines de 1998), en abril de 2002 la oposición le dio un golpe de Estado cívico-militar e intentó asesinarlo. Dos días después el pueblo venezolano repuso a H. Chávez como presidente de su país.

Desde entonces, son varios los momentos en que la oposición intentó desestabilizar y hacer caer a los gobiernos de Chávez y Maduro. Así, por ejemplo, entre 2002 y 2003 se dio un sabotaje petrolero nacional que duró 63 días. La oposición, altos ejecutivos y sectores sindicales paralizaron PDVSA exigiendo la renuncia de Hugo Chávez y ocasionaron pérdidas económicas por un valor de 20 mil millones de dólares.

En mayo de 2004 son detenidos 50 paramilitares colombianos en una hacienda del municipio Baruta, propiedad de Roberto Alonso, líder del grupo opositor “Bloque Democrático”. El caso es conocido como Rancho Daktari.

Luego, bajo el gobierno de Nicolás Maduro, entre febrero y marzo de 2014, se dieron protestas violentas a nivel nacional, conocidas como “La Salida”, con el objetivo de sacar a Maduro del poder. En febrero de 2015 se dio un intento de golpe de estado que fue desmantelado (“Operación Jericó”), que planeaba un ataque aéreo al palacio presidencial. En abril de 2017 se dieron nuevamente protestas violentas con varios meses de duración. En abril de 2018 se desarticula una célula terrorista (Operación “Gedeón II”) que buscaba desestabilizar al país.

En agosto de 2018 se da un atentado terrorista con drones explosivos contra Maduro. En abril de 2019 se dio un levantamiento militar (“Operación Libertad”) liderado por Juan Guaidó, que fracasó en pocas horas.

La lucha contra el gobierno de Hugo Chávez y el de Nicolás Maduro se presentaba como una lucha contra una dictadura. Este argumento no dejó de estar presente nunca, hasta la fecha, a pesar de que el chavismo y posteriormente el madurismo ganaron 31 elecciones nacionales y regionales. En las elecciones de julio de 2024 Maduro ganó con más del 51% de los votos; sin embargo, la oposición alegó que hubo fraude y que ellos ganaron con el 70% de los votos. Empero, luego del atentado terrorista contra Venezuela el propio Trump dijo que no le entregaría el poder a Corina Machado porque no tiene el respeto necesario del pueblo para ejercer el cargo. No es una casualidad desde luego que después del secuestro del presidente Maduro no se diera en Venezuela ni una sola movilización de la oposición para reivindicar el acto terrorista de Estados Unidos.

Las medidas unilateralmente impuestas a Venezuela por Estados Unidos, como las sanciones económicas del 2013 al 2019, provocaron una pérdida del 98% de los ingresos económicos de Venezuela por concepto de exportación de petróleo, como lo muestra Francesca Albanese. Luego del bloqueo económico, el producto interno bruto se contrajo en un 80% hasta el 2021, según el Fondo Monetario Internacional, y una hiperinflación que América Latina no había conocido jamás, alcanzando una tasa anual de 130.060% en 2018. Como consecuencia de la crisis económica, se produjo un éxodo de 7.5 millones de venezolanos. No obstante que la crisis tiene su origen en gran medida en las sanciones económicas, los medios de comunicación han transmitido la idea de que la crisis tuvo su origen en las políticas públicas de los gobiernos de Chávez y Maduro.

No obstante la profundidad de la crisis económica, el gobierno de Maduro logró el crecimiento económico ininterrumpido durante 19 trimestres. El año 2025 Venezuela logró un crecimiento económico del 8,5%, siendo el país que más creció en Latinoamérica ese año. Desde luego, para los grandes medios de comunicación este hecho incontestable no ha sido motivo de mayores comentarios.

Lo que hemos visto es una lucha de clases en la que la clase dominante estadounidense procura el control del petróleo y de otros recursos naturales existente en Venezuela. Por su parte, la oligarquía venezolana ha buscado alcanzar el mismo objetivo, pero subordinado a los Estados Unidos. En ese marco también se han desenvuelto las acciones del gobierno venezolano, lo que no hay que dejar a un lado al momento de hacer un análisis de los hechos ocurridos en este período de tiempo.

Aún hoy en día, después del atentado terrorista del 3 de enero, el pueblo y el gobierno venezolanos siguen amenazados por los buques de guerra y la tecnología militar de los Estados Unidos. No hay tregua para Venezuela. En medio de todos los obstáculos, la dirigencia busca alcanzar nuevos logros.


CREACIÓN HEROICA